Más allá de los grandes acantilados, los pequeños arroyos que gotean a través de las rocas y las grietas del bosque son vitales para mantener la humedad de la zona. Estas suaves corrientes se mueven lentamente a través de las raíces y el musgo, filtrando naturalmente el agua y proporcionando un santuario para las pequeñas criaturas del bosque. Muestra que la naturaleza no se trata solo de grandeza, sino también de estos momentos delicados y pacíficos.