Las ruinas restantes demuestran las técnicas de ingeniería occidentales del siglo XVII, utilizando grandes ladrillos recubiertos con mortero de cal. Las estructuras de las paredes son excepcionalmente gruesas y cuentan con aberturas de ventanas con arcos redondeados, una mezcla de estilos arquitectónicos europeos y de Ayutthaya. Los cimientos de la torre octogonal todavía muestran rastros de la integridad estructural que alguna vez fue necesaria para soportar pesados instrumentos astronómicos. La erosión en las superficies de yeso revela una mampostería precisa, lo que refleja la colaboración entre arquitectos franceses y artesanos siameses. A pesar de deteriorarse con el tiempo, estos restos de ladrillo continúan contando la historia de la prosperidad científica y la amistad intercontinental.