Las pérgolas de glicinas se integran magistralmente en el paisaje para servir como una puerta de entrada viva. Ubicadas entre el borde del jardín y el estanque Aji-ike, actúan como un primer plano natural que agrega profundidad al paisaje. Al mirar a través de los racimos de flores púrpuras colgantes, el Salón del Fénix parece flotar dentro de un velo floral. Esta cuidadosa colocación permite que el jardín haga una transición perfecta a la arquitectura, haciendo que el enorme salón de madera se sienta ligero y etéreo mientras su reflejo baila en el agua detrás de una pantalla de flores.