La devoción de Jozan al área fue tan grande que la ciudad fue nombrada Jozankei ("Valle de Jozan") en su honor. Hoy, su legado se celebra en el parque Jozankei Gensen, donde una estatua de bronce de él se encuentra cerca de la cascada Bisen-no-taki. Se le recuerda no solo como una figura religiosa, sino también como un pionero que soportó dificultades extremas para llevar el don curativo de la tierra a la gente.